Cuando en 2015 un joven ingeniero español construyó la primera versión de una incubadora neonatal low-cost, difícilmente podía imaginar hasta dónde llegaría aquella idea. Hoy, casi una década después, esa pequeña revolución tecnológica ha cambiado de nombre… pero no de propósito.
In3ator, como se llamó originalmente el proyecto, fue el punto de partida. Con él dimos nuestros primeros pasos, y con él nació nuestro compromiso con la innovación neonatal. Hoy, esa semilla ha evolucionado y se ha convertido en IncuNest: una transformación que va mucho más allá de un simple cambio de nombre. Representa el paso de una iniciativa personal a una organización global, colectiva y en plena expansión. Una nueva identidad que refleja lo que somos: una marca que crece, que innova, y que quiere seguir salvando vidas con tecnología y con corazón.
Una idea sencilla, un impacto enorme
Todo empezó con una pregunta sencilla pero poderosa: ¿Cómo lograr que un bebé prematuro en un país sin recursos tenga la misma oportunidad de sobrevivir que en cualquier hospital avanzado?
La respuesta fue In3ator: una incubadora portátil, de código abierto, fabricada con impresión 3D y materiales accesibles por apenas 350 euros, frente a los más de 35.000 euros que puede costar una incubadora comercial.
En 2019 dimos un paso más y fundamos Medical Open World, una organización sin ánimo de lucro nacida para desarrollar esta tecnología, escalar su impacto y llevarla a donde más se necesita.
Desde entonces, la incubadora no ha dejado de evolucionar. Hoy hay más de 220 unidades activas en más de 30 países, y se estima que ha contribuido a salvar la vida de más de 4.000 recién nacidos.
Un nido que no deja de crecer
IncuNest no es solo un nuevo nombre: es un símbolo de lo que somos y de lo que queremos seguir siendo.
Nuestra filosofía sigue intacta: ser open source, ser accesibles. Además de dar calor y vida a miles de bebés, IncuNest está ayudando a repensar cómo se entiende la tecnología médica. El nuevo nombre —una combinación de “incubator” (incubadora) y “nest” (nido)— transmite justo eso: un refugio cálido y vital para los más vulnerables.
